Category Archives: litheratus

La sabiduría de la tortuga

Hola lectores

El otro día, recibí un regalo de una persona muy especial para mí. Se trataba de un libro breve.

El regalo me lo hizo porque como a casitodo el mundo le hace mucha gracia mi desmesurada afición por las tortugas y me vió ojeando ese libro en una tienda.

Se trataba de La sabiduría de la tortuga una novela muy pero que muy interesante…

La novela empieza con una introducción genial sobre la naturaleza de la tortuga marina:

En la costa oeste de Nicaragua se produce en las tardes-noche de julio un espectáculo inolvidable: cientos de tortugas emergen de las aguas del Pacífico para conquistar la orilla y con sus movimientos pausados buscan un lugar idóneo para enterrar sus huevos en la arena. Con el objetivo de cumplir con la misión de mantener la especie, cada animal quizás haga un recorrido de miles de kilómetros para volver al sitio donde nació y en ello, según la tradición popular, puede que empleen unos treinta años.

Cuando uno ha leído novelas del estilo de “Aproveche su tiempo”, “Optimice su tiempo” o “Sea más competitivo”, muy interesantes y que nos dan ciertas claves para aprender a vivir de forma más ordenada, pero se da de morros contra las teorias de este libro.

Hay un proverbio árabe que dice: ““Los occidentales tienen el reloj, los orientales poseen el tiempo”, que tiene muchísima razón, quizá deberíamos aprnder algunas cosas sobre ellos.

Parece ser que con este tipo de ideas ha surgido hace unos 2-3 años todo un movimiento, basado en otra forma de vida, con menos estréss, menos competitividad y disfrutando del momento que se vive. Algo en completa contraposicion a la actual forma de vida “cosmopolita” y “capitalista”.

Este movimiento se asienta por lo visto en las llamadas “slow schools” que fomenta una educación “sin prisas”, sin masificaciones y con la dedicacion sufiente para asimilar los conocimientos de forma más lenta y a la vez más profunda.

Está enfrentado directamente con la llamada “vida rápida, comida rápida, muerte rápida”.

saludos

Inspiración VS Documentación

Este es uno de los temas más interesantes que he encontrado en cuanto a talleres y temas literarios se refiere. Como en todo este “Rincón”, hacemos referencia a la escritura de ficción, la dualidad de estos dos términos se acentúa más todavía. Empecemos por el principio, definamos términos, según nuestro punto de vista…

ScreenShot033

Inspiración – podemos verlo como la transición que va entre el momento en el que algo que hemos visto, escuchado, olido… y en general sentido, capta nuestro interés y nos aborda la idea de escribir sobre ello. Este tiempo que pasa, en el que los pensamientos y sensaciones se van convirtiendo en “la palabra literaria” es el proceso de inspiración y es completamente individual en cada escritor. Es algo casual, espontáneo, libre, sin control… en cualquier momento puede llegarnos esa necesidad de escribir, de crear, sobre cualquier cosa.

Documentación – es la preparación por escrito de la información necesaria para escribir una historia en “formato literario”, sean ideas, datos geográficos, históricos, descriptivos… la documentación es completamente diferente a la inspiración, puesto que es completamente organizada, estructurada, programada.

Aquí, atendiendo a esto, veremos que cada escritor se balancea entre ambos extremos; los hay muy libres en sus narraciones, puesto que empiezan a escribir (lo que yo suelo llamar coloquialmente “narrativa impulsiva”) y los escritores contrarios, que son incapaces de llegar a escribir dos párrafos sin tener todo debidamente documentado. En mi opinión, la clave está siempre en un término medio entre ambos extremos, no hay que renunciar a ninguna de las dos partes, de las dos técnicas, hay que tener una buena base documental, pero hay que dejar mucho margen a la improvisación, a que el propio escritor vaya descubriendo las historias sobre la marcha, dejando que fluyan y le sean enseñadas.

Sin vuelta atrás

Con el paso del tiempo se dio cuenta de una serie de cosas importantes, no demasiadas, porque el trabajo y las rutinas cotidianas, no le permitian avanzar demasiado.
Una de esas cosas, le marco mucho, especialmente por sus implicaciones y por su cruda certeza… que cada instante que pasaba, era unico, especial, diferente, fuera bueno o malo y que jamas volveria a vivirse, se perdia en el tiempo para siempre, en forma de recuerdos.
No sirvio para mucho, pero cuando decidio poner fin a su vida, sabia que ella le habia dado los mejores de esos pequeños momentos vividos y que solo por eso, se merecia una muerte digna, una muerte que el mismo le daria de la mejor forma posible, para que no sufriera mas, para que no siguiera sufriendo.
Dias despues, en los periodicos se comento que una paciente del hospital psiquiatrico de Incatula, se habia encontrado muerta por envenenamiento.
Por lo visto fue una muerte rapida, los musculos fueron adormeciendose, los nervios perdieron sensibilidad y el corazon fue perdiendo fuerza lentamente hasta que se paro.
Nunca mas tuvo que seguir su tratamiento, al fin era libre…

By JH

Hechiceras premiado

Hola Lectores

Me pongo en contacto con vosotros para informaros que la novela “Hechiceras”, de una de las colaboradoras de litheratus, Felicidad Lopez, ha sido galardonada con el siguiente premio:

- Ganadora Convocatoria Literatura Infantil 2009 (http://www.fideliotrading.com/)

Nuestra mas sincera enorabuena a nuestra amiga.

Saludos

Terminado relato del Mendigo

Hola lectores

Hoy al fin he conseguido pasar mis notas en papel a litheratus, para completar el relato del mendigo. Espero que os guste el desenlace y me mandéis vuestras opiniones.

El Mendigo

Gracias por vuestra atención.

Saludos

Retomamos litheratus

¡Hola lectores!

Nuevamente, debo pediros disculpas por la poca dedicación que he podido tener a estas páginas. Realmente, el año 2007 y el principio de 2008, han sido probablemente la temporada más complicada que he tenido que vivir hasta ahora por motivos personales. 

Parece que las aguas van volviendo a su cauce, aunque lo hacen muy lentamente. Me gustaría transmitiros, que pese a todo, mi trabajo sigue y seguirá, aunque no pueda dedicarle mucho tiempo por ahora, prometo que encontraré la forma y el momento de que esto cambie y lo haga para bien.

Os quería recomendar, el siguiente taller literario:http://www.jrvarela.net/tallercreacionliteraria.htm.Es gratuito y nunca viene mal recibir nuevos consejos.

Por otro lado, quería comentaros que aunque mis planes con “Prist”, la novela que empecé a dar a conocer en esta web y que sigue siendo una asignatura pendiente que he arrastrado durante años, no avanza de nuevo y se ha estancado desde hace unos meses. No abandono el proyecto, pero lo aparco de momento para retomar o iniciar el trabajo en otras direcciones.

Por otro lado, he empezado a escribir una historia que voy a dar la forma de lo que he bautizado como “micronovela” (término que desconozco si existe, pero define perfectamente lo que quiero).

Tengo la necesidad de escribir una novela desde hace años y hoy por hoy se me hace muy complicado terminar de escribir una, así que esta historia, va a ser más corta que una novela pero más larga que un relato (calculo que estará en, no mucho más de 50-80 páginas como mucho).

Un saludo 

Concurso Relatos Grupo Buho 2008

Hola lectores

Este año se vuelve a abrir el plazo para el concurso del Grupo Editorial Buho de Poesia y Relato corto. Aunque no voy a entrar en demasiados detalles porque prefiero que lo leais en la página correspondiente, deciros que los relatos seran enviados para su revision y seran votados de 1 a 10 puntos, quedando premiados los ganadores.

Aqui os dejo el enlace: V Concurso GrupoBuho.

¡No tardeis porque el plazo termina pronto!

Suerte a todos. Los certamenes y concursos de este estilo nos ayudan a abligarnos a escribir (esa gran pasion que a veces aparcamos demasiado) y permiten dar a conocer nuevos autores noveles.

 Saludos

El mendigo

Hacía tiempo que Mark no viajaba, a pesar de que era una de sus mayores aficiones.

Llevaba una vida, un tanto ajetreada, en la que una compleja combinación entre su trabajo, algún que otro trabajo de los que solía llamar “extracurriculares” y las ambiciosas exigencias de su novia para con su tiempo libre, le exprimían hasta tal punto, que llegaba a considerar en ocasiones (de forma completamente errónea), que sus aficiones eran un lujo y que el ser humano no podía permitirse ese tipo de lujos muy a menudo.

Aquellos 3 días, aprovechando una visita de su novia a sus familiares del pueblo, decidió dedicarse a sí mismo y darse un pequeño homenaje: la carretera, su coche y él. Cogió algunos mapas y antes de salir de casa, esbozó una ruta de lugares que no había tenido la posibilidad de visitar.

Empezó el viaje muy ilusionado, se sentía ciertamente intrépido, como si estuviera haciendo alguna hazaña. Sin embargo a medida que iba haciendo camino en solitario, sus fantasmas regresaron y volvió a pensar en su vida, en su situación. A las dos horas de iniciar el trayecto, comenzó a desanimarse progresivamente. Empezó a pensar en lo que se había convertido su vida y en que a sus 35 años, no vivía, ni de lejos, la vida tal y como la había previsto, tal y como la había soñado. Empezó a deprimirse.

Hasta hacía pocos años (los famosos veinti-tantos), era una persona muy dinámica, emprendedora, incluso la gente le solía decir de él que un poco hiperactivo (aunque él nunca creyó que lo fuera, simplemente necesitaba terminar cada día, cuantas cosas tuviera en mente hacer, eso le hacía sentirse bien, sentirse vivo). Tenía un carácter impactante, no era una persona dura o combativa y sin embargo, la gente le respetaba. Era apreciado por sus amigos, caía bien a casi todo el mundo y era muy muy divertido. Y sobre todas las cosas, era una persona increíblemente optimista, algo que era capaz de transmitir a cuantos le rodeaban, se podría decir que era un optimismo casi contagioso.

Poco a poco, eso fue cambiando. En el trabajo (aquél en el que llevaba desde los 22 años, casi recién terminada la carrera) estaba asentado, dejó de luchar y pasó a conformarse con una cómoda estabilidad. Tras varios años de relación con su novia, él fue cediendo terreno (a pesar de que ambos tenían bastante carácter al principio), hasta que llegó a convertirse en un mero compañero en su relación, sin impulso, sin iniciativa. Se desconectó de su familia (cada vez le costaba más soportar las tediosas conversaciones de sobremesa, esa eterna sobremesa familiar) y a penas si hablaba con ellos por teléfono y de vez en cuando comía con sus padres, todo, por evitar las molestas discusiones de antaño. Y adornando todo eso, fue perdiendo una gran parte de su personalidad, haciéndose más callado, menos divertido, más pesimista…

Mientras andaba meditando sobre todo esto, sonó un seco estallido y el vehículo se desequilibró, la dirección dejó de responder a sus movimientos de volante con la misma precisión que lo hacía hasta ese momento, empezó a dar bandazos y a penas se mantenía en el camino por el que circulaba. Mark estaba muy nervioso, no sabía como controlar aquella situación, comenzó a frenar como pudo mientras mantenía el vehículo lo más estable que podía. Se acercaba a una curva y no conseguía detener el coche, probablemente había reventado una rueda y no conseguía controlarlo.

Justo antes de esa curva, le alertó la figura de un hombre que estaba sentado en la cuneta, cabizbajo y con ropa un tanto andrajosa. El hombre, para su sorpresa, levantó ligeramente la cabeza, casi sin inmutarse, y la volvió a agachar.

El vehículo, empezó a reducir su velocidad milagrosamente, hasta que finalmente se detuvo, muy cerca del hombre de la cuneta.

Sin despegarse del volante, donde mantenía con fuerza sus manos, prácticamente pegadas a él; miró por la luna delantera y vió desde allí a aquel hombrecillo que no se había movido ni un ápice de su posición inicial. El corazón de Mark latía ahora con fuerza, respiró hondo y esperó unos segundos para tranquilizarse. Cuando lo hubo conseguido, bajó del coche y se dirigió hacia el hombre de la cuneta para interesarse por su estado.

- Disculpe… ¿se encuentra usted bien? Siento si le he asustado, pero parece que reventé un neumático y perdí completamente el control del vehículo. Pensaba que no conseguiría detenerlo.

Con total parsimonia, el hombre de la cuneta, levantó la cabeza para mirarlo, lo examinó de arriba a abajo y mostró una amplia sonrisa.

- Imagino que se dirije a mi.

Mark, confundido, respondió:

- Sí, claro que es a usted, aquí no hay nadie más que nosotros en kilómetros a la redonda… – gesticuló con las manos señalando a su alrededor.

- Bueno, eso no es del todo cierto. En realidad, nunca estamos solos, lo que pasa es que nos puede dar esa falsa sensación. No obstante, sin tener en cuenta este error, en respuesta a su pregunta; no estoy asustado, ¿por qué debería estarlo?

- ¡Que porqué debería estarlo!

- Sí, eso he dicho exactamente – contestó el hombrecillo con tranquilidad.

Mark no daba crédito, por un instante imaginó que no había sobrevivido al accidente y aquello se tartaba de algún tipo de broma macabra de ultratumba.

- Normalmente, cuando alguien está a punto de ser atropellado y morir bajo las ruedas de un coche que ha perdido el control, suele sufrir un ataque de nervios, miedo o algo similar. A mi me ocurriría sin duda.

- Sí, tiene razón. Pero eso ocurre porque se preocupan por cosas que no han ocurrido, invierten demasiados esfuerzos en lamentarse, asustarse y prepararse para cuando esas cosas sucedan. En realidad se invierte el 80% del tiempo en pensar en cosas y situaciones que no van a ocurrir nunca y aunque así fuera, yo me pregunto: ¿De qué sirve prepararse para recibir a la muerte instantes antes de morir? ¿Es que eso va a solucionar o mejorar la situación?

Por más que mirara a aquel hombrecillo, Mark era incapaz de comprender como en un recipiente tan pequeño, tan débil se podía albergar tal determinación y defenderla con la más locuaz de las dialécticas, pero así era.

Desistió de defender durante más tiempo su postura porque la carencia absoluta de miedo de su interlocutor era digna de los valientes o de los incautos y contra eso no se podía luchar. Sin embrago… de alguna forma, tenía razón.

- ¿Sabe lo que le digo? Quizá tenga toda la razón, no hay porque preocuparse porque en realidad no ha ocurrido nada. He sentido miedo, pensando a cada instante en lo que creía que iba a suceder en el siguiente instante, así uno tras otro y al final no ha sucedido nada preocupante.

- ¡Je, je, je! Veo que empiezas a comprender que eres tú mismo el origen de tus miedos, de tus problemas y por tanto de tu estado de ánimo. Contrólalos y aprenderás a controlar tu estado de ánimo y con ello aprenderás a ser feliz (que no es más que un estado de ánimo).

Tras aquellas palabras, Mark se quedó meditando mientras iba al coche para sacar los papeles del seguro y llamar a la compañía para que mandaran un servicio de asistencia en viajes. Al volver a la cuneta para hablar con el hombrecillo y agradecerle sus palabras,  éste había desaparecido.

Llegó la grúa, remolcó el vehículo y Mark volvió a casa.

Pasaron tres o cuatro años de su personal Odisea. Desde aquél día, decidió cambiar su vida y tomar cuantas medidas fueran necesarias para conseguirlo. Se despidió de su trabajo de oficina y empezó a trabajar en algo relacionado con uno de sus hobbies de siempre: el montaje de audio/video en una empresa joven de producción audiovisual, si bien no ganaba tanto como en su trabajo, le compensaba, con mucho, la gran creatividad de la que tenía que hacer uso en el día a día. Su relación sentimental dio un giro completo, habló con su pareja de sus miedos, sus inquietudes, incluso sus quejas (todo aquello que no había sido capaz de decirle en mucho tiempo, lo puso sobre la mesa); ante su sorpresa, su novia tenía otras tantas cosas que tratar con él y estaba muy receptiva. Poco a poco, fueron cambiando sus rutinas y todo empezó a rodar de nuevo, como en el pasado, pero ya en punto de sus vidas en el que ambos eran dos adultos. Con todos esos cambios, sus nuevas metas y sus logros progresivos, Mark ganó en optimismo día a día, sus ganas de vivir y su actitud ante la vida cambió radicalmente y volvió a ser feliz.

Jamás volvió a saber del mendigo de la cuneta, pero su huella se hizo imborrable, le marcó para siempre. Aquél hombre, en apenas un par de horas y con unas cuantas palabras, gracias a su actitud firme le había mostrado el camino de la felicidad. Aún hoy, Mark recuerda en ocasiones, esa historia que nunca ha confesado a nadie y que siempre le arrebata una sonrisa de agradecimiento a aquella mano invisible que le tendió el mendigo y que cambió su vida.

By JH

Continuamos el Taller Literario

Hola lectores

En la línea del taller literario que empezamos hace tiempo, hemos creado una nueva página, llamada Inspiración-Documentación, sobre un tema que como vereis, resulta bastante jugoso para cualquier escritor, ¿quién no ha tenido dudas sobre estos conceptos alguna vez?

Espero que os interese. Saludos

El amigo profesional

En uno de los viajes que suelo hacer cuando mi microeconomía me lo permite, me encontraba callejeando (uno de los grandes placeres que encuentro en los viajes) por el centro de la ciudad de Tegonbina; una de tantas ciudades pequeñas a las que los pueblos satélite de sus alrededores le han restado sus posibilidades de expansión. En la zona del casco histórico (uno de los más hermosos que he conocido), entre murallas, centenarias iglesias cristianas, palacetes y mezquitas árabes; vi a una joven sentada en el portal de una casa de piedra de dos alturas. La joven, había conseguido captar mi atención en la distancia, sin darse cuenta, por el efecto provocado por los rayos del Sol sobre su cabello rojizo (la única parte visible de su cabeza, puesto que la tenía entre las piernas, mirando al suelo).

Andaba yo mirando las balconadas pobladas de plantas y flores vistosas, perdiéndome en pensamientos que me llevaban fuera de allí, muy lejos, a épocas antiguas en las que aquel mismo casco antiguo debía estar en plena actividad, en pleno apogeo y aquel primer reflejo rompió mi concentración. Continué caminando y tras un primer vistazo, no presté más atención de la necesaria a la muchacha… hasta que pasé junto a ella.

Un apagado sollozo me hizo entender que estaba llorando o acababa de terminar de llorar. Así que, como suelo hacer cuando veo a alguien triste o con problemas, paré y me interesé por su situación.

- Hola. Perdona mi impertinencia pero… ¿estás bien?

La chica de cabellera ensortijada pelirroja (ahora veía con claridad las distintas tonalidades de su pelo), levantó la cabeza sobresaltada, probablemente porque no había notado mi presencia hasta ese momento. Entonces pude ver su cara pecosa, sus irritados ojos azules, aún con rastros de lágrimas y su naricilla respingona.

- ¿Cómo? ¡Sniff!

- Que me ha parecido que llorabas y no he podido evitar acercarme para ver si te encontrabas bien.

- Sí, lloraba. Pero ya casi he terminado. Je, je. – Sonrió ligeramente para restarle importancia al asunto.

- ¿Estás segura de que ya casi has terminado? Lo digo porque me gustaría llorar un poco en este patio, pero no puedo esperar mucho tiempo, tengo algo de prisa.

- Ja, ja, ja, ja. – Esta vez, como había hecho en otras ocasiones, conseguí encontrar la frase exacta para arrancarle una sonrisa auténtica. Observé con gusto, durante unos instantes, la delicadeza de sus rasgos y la calidez que desprendía.

- Pués ahí vamos a tener un problema, porque este es mi patio preferido para llorar y hasta que no termine, tú tendrás que esperar. – Respodió ella.

- Se me ocurre algo mejor, a ver que te parece… Voy a tratar durante unos minutos, que continúes sonriendo, así que espero que no me lo pongas difícil, porque no soy muy bueno como payaso.

- Ja, ja, ja, ja. Pués yo creo que si que lo eres, has tardado poco en hacerme reir.

- No te creas, ha sido pura improvisación. Además, lo hago por mi propio interés, en cuanto consiga que dejes de llorar, tendré todo el patio para mí y podré llorar a gusto, sin que nadie me moleste.

- Así que no es más que eso, ¿verdad? Sólo quieres robarme mi patio. – Afirmó sin dejar de sonreir.

- Bueno, no, en realidad creo que hoy podré pasar sin llorar. No importa, guardaré todas mis lágrimas de hoy para otro día, así será un llanto más intenso y prolongado, y saborearé en condiciones tu patio, con tiempo, sin prisas.

Durante un momento, nos miramos los dos a los ojos, divertidos, pensando en la próxima frase, para que aquel encuentro no se acabara aún. Sin embargo, decidí (una vez rotas las barreras defensivas de la muchacha), atacar el problema que me ocupaba…

- Y ahora bien, retomemos la conversación, si se puede saber (y créeme que entendería que no quisieras contármelo), ¿qué es lo que le ha ocurrido a una chica tan risueña como tú para que estuvieras llorando tan desconsolada?

- Es que… verás, te agradezco tu intento, pero me cuesta mucho confiar en la gente.

- En ocasiones, hablar con un desconocido, nos resulta mucho más fácil que con la gente que nos rodea, porque no existe ninguna idea preconcebida, ni intención moralizante de por medio.

- Sí, la verdad es que si he de contárselo a alguien, sería a ti. Déjame que organice un momento la historia y te lo cuento.

- ¿Por cierto, cómo te llamas muchacha?¿Y a qué te dedicas?

- Vanesa, me llamo Vanesa. Trabajo en el ayuntamiento, soy administrativa. ¿Y tú?

- Yo me llamo Ramón y soy Amigo Profesional, te daría una tarjeta pero se me han acabado y no llevo ninguna encima.
By JH

Un mundo

- Dime, ¿por qué tiemblas?
- Por ti
- ¿Por qué lloras?
- Por mi
- ¿Y por qué me miras de esa manera?
- No sé mirar de ninguna otra
- No lo hagas, me haces sentir mal
- Lo siento, puede que en la mirada se me refleje lo que callo
- ¿Y qué es lo que callas, si se puede saber?
- ¿Como quieres que te lo diga si no te lo puedo decir?
- Es fácil, diciéndomelo
- Eres muy egoísta
- ¿Y eso?
- ¿Me quieres?
- No. ¿Tú me quieres?
- Nada
- ¿Entonces?
- ¿No lo entiendes, verdad? Lo que no te puedo decir es lo contrario a lo que digo.
- Entonces…¿me quieres?

Se queda callada. No puede decirlo. Le quiere.

-¿Por qué no me dices nada?
-No tengo nada que decir
-¿Por qué eres tan fría conmigo? ¿He hecho alguna cosa que te ha molestado?
-Sí. Has hecho que tenga miedo de perderte.
-No me perderás, lo sabes.
-No, no lo sé. No sé lo que piensas, ni lo que imaginas, ni tan siquiera lo que dices tu o lo que yo misma digo. ¿Sabes qué?
-Que
-Ya nos veremos

Y se fue toda confusa, medio llorando. Las lágrimas sólo hacen que quemar el alma. Pero de tanto en tanto, se debe llorar. Ella, él…un mundo que les pertenece, es un mundo de palabras, de carícias, de besos, de carcajadas, de llantos, de tristezas, de miedos, de alegrías, de malentendidos, de pensamientos, de escondidas, de sonrisas, de ternuras…ahora mismo, ella tiene miedo. Él…nostalgia.

By MAGDA

Te quiero

- Te quiero.

Estas dos palabras, pronunciadas de forma sutil, inesperada, acababan de romper un incómodo silencio en medio de una extraña y desordenada noche.

- ¿Qué? – Dijo ella desorientada y sorprendida, clavándome una mirada que era toda ella un signo de interrogación.

- Te quiero. – Repetí.

- Creo que no eres consciente de lo que me estás diciendo – respondió ella, asustada, intentando ganar unos segundos para conseguir sobreponerse a la confusa situación.

- Puede ser, pero te quiero. – Dije con aún más elocuencia.

- Pero tú tienes mujer. – Me recriminó.

- Pero te quiero.

- Y tienes dos hijas.

- Te sigo queriendo aún más.

- ¡Nuestra relación es imposible!

- Te quiero con locura.

Indecisión.

- Yo también te quiero. –Me confesó ella al fin rendida.

- Casémonos. –le insté.

- ¿Aquí? ¿Ahora?

- Sin más. Porque te quiero.

- ¿Y los invitados? ¿Y los vestidos? ¿Y la ceremonia? ¿Y los anillos?

- Al diablo con todo. Simplemente te quiero.

La cogí de la mano y nos besamos. Nos besamos durante largo rato. Nos besamos como si fuéramos a colapsar el mundo, a detener el tiempo.

Finalmente, una leve sonrisa.

- Por dios, Toni. Por un momento creí que todo esto iba en serio.

Nos volvimos a besar.

Tras esa cita perdimos el contacto y no volví a ver jamás aquella joven muchacha de ojos dulces y sonrisa fácil.

Ella no lo sabía, y quizá hubiera debido decírselo. Pero, con el tiempo, me di cuenta de que la quería.
By CORSSO

El error

No entiendo qué ha podido salir mal. Les he dado la facultad de vivir y, sin embargo, han decidido matar. Les he dado la facultad de amar, pero, contrariamente a eso, han empezado a odiar. Les he dado la oportunidad de ser libres, pero han decidido crear fronteras, encerrarse en ellas y destruirse por un puñado de tierra. Les he dejado dominar el mundo, y se han convertido en simples y crueles depredadores.
- ¿Les has enseñado a perdonar?
- ¿Perdonar? Sabe Dios qué será eso…
By CORSSO

Perfección

Proyectos, ideas, borradores, lienzo en blanco, ignorancia, fijación, nervios, tanteo, aproximación, sudor, inexperiencia, error, rechazo, fracaso, desesperación.
Aprendizaje, esfuerzo, disciplina, estudio, técnica, constancia, confianza, modestia, paciencia, templanza, tiempo, observación, dedicación.
Madurez, tenacidad, inspiración, ensayo, sencillez, deseo, vacilación. Ímpetu, seguridad, pequeña mancha, corrección, iniciativa, sensualidad, pasión desenfrenada, complicidad, orden entre el desorden, unión, maestría, creatividad, conocimiento, vivacidad, placer, espontaneidad, suspiro contenido, cúspide, apoteosis; culminación.
By CORSSO

Cenicienta

La mujer, hermosa y jovial, se mudaba delante del tocador de su habitación. Acababa de vestirse con un resplandeciente y ajustado vestido azul, cuyo diseño resaltaba sus finos hombros, sus voluptuosos senos, su perfecta sinuosidad femenina. Se examinaba delante del cristal con la fragilidad e inocencia pueril con que lo haría una chica de quince años que acude a su primer baile, mientras cantaba, risueña, una canción de cuna.
Cogió un pintalabios rojo y lo apretó contra sus tiernos labios; acto seguido, cubrió a éstos de un candente color carmín, tan intenso como las ascuas del fuego, emanantes de centellas incandescentes.
Con un fino lápiz resiguió sus negras pestañas, las cuales contrastaban con la maravillosa transparencia de sus pupilas, desde las cuales se podía acceder hasta lo más hondo de su corazón. Acto seguido, esparció por su rostro un fino polvo, ‘polvo de estrellas’, gustábale decir, pues eran derramados suavemente para palidecer tímidamente sus mejillas, como si de una lluvia de cometas en medio de la opacidad absoluta del universo se tratara.
Tras eso, tomó su extenso y perfumado cabello jazmín, y, liberándolo del recogedor que lo mantenía sujeto, lo dejó caer, ondulante y harmonioso, hasta su máximo punto de flacidez. Luego, recogió de una pequeña y redonda cajita de porcelana unos pendientes vistosos y relucientes que parecían bailar alrededor de su rostro.
Cuando hubo hecho todo eso, dirigióse al fin a calzarse. Cogió con dulzura los tacones comprados para la ocasión tan sólo unas horas atrás y deslizó cuidadosamente sus pies, los cuales se introdujeron hasta encajar perfectamente en su interior. Acto seguido, roció su cuello de cisne con unas gotas de perfume, recogió su abrigo y salió de casa.

En la calle la luna había tomado posesión del cenit y parecía rugir, silenciosa, envuelta entre nubes de algodón. Mientras tanto, la mujer proseguía su camino, bajo la complicidad de las estrellas, entre calles tan grises que ni tan siquiera las luces anaranjadas de las farolas se atrevían a iluminar.
Al fin llegó al punto donde debería recogerla el carruaje, así que se detuvo en un rincón de la calle y esperó. Pasaron varios coches; también varios hombres de a pie; pero ninguno pareció recalar en su presencia, demasiado inalcanzable y poderosa para aquellos que recorren el camino de sus vidas sin levantar la vista de sus pies. Poco después, un coche negro metalizado se detuvo frente a ella y una puerta se abrió. Un breve juego de miradas bastó para que, sin vacilar, se introdujera en su interior.
A dentro, silencio. Pianos y violines amenizaban el trayecto, creando una absorvente atmósfera de placer y relajación. Los retrovisores destellaban al paso de cada neón, impregnados de un casi imperceptible lloviznar que poco a poco iba humedeciendo los cristales con sus finas gotas resbalando y jugueteando mansamente. Finalmente, tras unos minutos, el motor se detuvo. Entonces, sin más ruido que el respirar de ambos cuerpos, un salvaje juego de unión se desenvolvió entre besos, mordiscos y caricias bajo la tutela de la soledad más absoluta.
Al amanecer, la mujer llegó a casa. Se desabrochó el incómodo traje que a duras penas conseguía encajar en su embutido cuerpo, se despojó de los incómodos zapatos que le habían mortificado sus hinchados pies durante una noche entera y se lavó la cara, dejando al descubierto un rostro seco, mustio, imperfecto. Se dirigió a la cocina, llenó un vaso de ginebra y bebió. Luego fue hasta la cama, se echó, y empezó a llorar. Cuando las lágrimas que salpicaban su entumecida tez se agotaron, se revolvió entre las sábanas, lanzó un suspiro y, deseando no despertar jamás, la prostituta, desolada, cerró los ojos.
By CORSSO